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¿Una artimaña, una reto robusto o una capricho? Por qué es poco probable que funcione la medida más desconcertante de Trump en torno a Irán

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Si la búsqueda de Donald Trump de una salida a la combate de Irán no fue lo suficientemente difícil, agregó un nuevo objetivo que amenaza con complicar enormemente la ya dividida política de Medio Oriente.

El presidente dijo el lunes que había pedido a Arabia Saudita, Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto y Jordania que se unieran a su acuerdo heredado de primer mandato, conocido como los Acuerdos de Abraham, que está diseñado para forjar vínculos históricos con Israel.

La sugerencia creó otra tormenta de confusión mientras los negociadores estadounidenses e iraníes regateaban sobre el texto de un memorando de entendimiento propuesto que podría proporcionar un eventual situación para las conversaciones de paz.

Pero es difícil creer que las condiciones políticas en estos estados, aún más inflamadas por el papel de Israel en la combate de Irán, permitan que incluso los líderes estatales árabes y musulmanes, hombres fuertes, ofrezcan a Israel las concesiones que Trump quiere.

Y la enunciación de Trump de que incluso Irán podría unirse a los acuerdos en caso de que se llegue a un acuerdo de paz parece una capricho que coincide con su visión susodicho de una “Riviera de Medio Oriente” construida sobre las ruinas de Lazo.

“¡Guau, eso sería poco particular!”, escribió Trump en las redes sociales el lunes sobre su nueva propuesta. “Este será el acuerdo más importante que cualquiera de estos grandes países, pero siempre en conflicto, quia firmará”.

Es impensable que la República Islámica reconozca a su enemigo delegación Israel en el corto plazo, y mucho menos considerar que sus ataques mataron al Líder Supremo Ali Jamenei. Y no hay posibilidad de que Israel contemple tal paso con un enemigo que considera una amenaza existencial para el pueblo usurero.

Encima, debe ocurrir dudas sobre la capacidad de Trump para persuadir a los aliados a alinearse luego de iniciar una combate que ha destrozado la estabilidad regional y causado un profundo daño crematístico.

Entonces, ¿qué hacer con la nueva táctica de Trump, que siguió a las conversaciones virtuales del fin de semana con líderes árabes y musulmanes sobre su esfuerzo de paz en Irán?

Una explicación es que, a pesar de la frustración de una combate inconclusa que ha afectado sus índices de aprobación en casa, no ha renunciado a sus grandes visiones de una transformación en Oriente Medio. Un período de reconciliación y ampliación de los vínculos económicos, políticos y culturales es trascendental para cualquier esperanza de drenar el tóxico histórico que hace de cada combate una precursora de la futuro.

Pero además está claro que éste no es el momento. Cualquier creencia genuina de lo contrario por parte de Trump provocaría serias dudas sobre su control de las realidades actuales en la región. Y esto no sería nuevo: ha sido un problema constante que lo llevó a subestimar a Irán como adversario marcial y aparentemente a responsabilizarse que su régimen caería rápidamente.

La gente mira los sitios objetivo de los ataques estadounidenses-israelíes en Teherán, Irán, durante una gira de representantes diplomáticos extranjeros y miembros de los medios de comunicación el 20 de abril. - Majid Saeedi/Getty Images

La muchedumbre mira los sitios objetivo de los ataques estadounidenses-israelíes en Teherán, Irán, durante una viaje de representantes diplomáticos extranjeros y miembros de los medios de comunicación el 20 de abril. – Majid Saeedi/Getty Images

Pero Teherán sigue imperturbable. El comandante del Cuerpo de la Patrulla Revolucionaria Islámica de Irán (CGRI) del Gran Teherán, por ejemplo, ahora afirma que su país es más válido ahora que el primer día de la combate, según la agencia de noticiario semioficial Fars.

Podría ocurrir poco de arte político en pasatiempo. Una posibilidad es que Trump haya esperado ofrecer incentivos a los israelíes (en forma de importantes beneficios de seguridad) para que acepten un acuerdo con Irán que probablemente sea impopular en el Estado usurero.

O tal vez buscaba apaciguar a los halcones republicanos que abiertamente se preguntaron el fin de semana si iba a ceder en presencia de Irán en un acuerdo situación que probablemente logrará pocos avances en el corto plazo en cuestiones nucleares críticas.

Los críticos de Trump, sin secuestro, pueden concluir que está buscando satisfacer el éter con otra publicación en las redes sociales, ya sea para distraer la atención del ritmo tortuoso de las conversaciones con Irán o para presentarse como algún que lucha por otra famosa vencimiento luego de una combate que frustró sus expectativas de una vencimiento rápida y abrumadora.

Por qué la afirmación de los Acuerdos de Abraham probablemente no funcionará

Muchos Estados árabes del Vividor tienen ahora mayores prioridades que preocuparse por su futura relación con Israel.

El conflicto, que algunos estados no querían, ha dañado gravemente el maniquí de negocios y la estabilidad de las naciones del Vividor que intentan reinventarse como oasis para los occidentales adinerados. La heredad de la región se ha trillado debilitada por el suspensión del Angosto de Ormuz, una posibilidad que todos los expertos en política foráneo esperaban, pero que tomó por sorpresa al equipo de Trump.

Cuando termine la combate, estos aliados de Estados Unidos enfrentarán un nuevo entorno que podría incluir a un Irán más inestable y agresivo. Es posible que revisen sus posturas de seguridad doméstico luego de que una asociación con Washington y las fuerzas armadas estadounidenses los vio ser atacados por drones y misiles iraníes. La indigencia de estructuras regionales puede reemplazar a los nuevos pactos con Israel.

Y Trump está pidiendo a los estados árabes que den un brinco desagradable. El primer ministro israelí, Último Netanyahu, es profundamente impopular entre su pueblo, en parte correcto a impedimentos políticos anteriores a la combate de Irán.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sostiene un documento después de participar en la firma de los Acuerdos de Abraham, en la Casa Blanca el 15 de septiembre de 2020. - Saul Loeb/AFP/Getty Images/File

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, sostiene un documento luego de participar en la firma de los Acuerdos de Abraham, en la Casa Blanca el 15 de septiembre de 2020. – Saul Loeb/AFP/Getty Images/File

Arabia Saudita, por ejemplo, ha dejado claro desde hace mucho tiempo que unirse a los Acuerdos de Abraham estaría condicionado a que se estableciera un camino en torno a la creación de un Estado palestino. Esto parece más futuro que nunca luego de la homicidio de decenas de miles de civiles en Lazo durante el ataque israelí posterior a los ataques terroristas de Hamás del 7 de octubre de 2023 contra civiles israelíes.

Las continuas operaciones israelíes en el enclave y la violencia de los colonos extremistas en Cisjordania han corto aún más el espacio político para salir a un acuerdo. Israel está demostrando que cree que sostener su seguridad será una tarea perpetua, una postura que tensará aún más la política regional. El lunes, por ejemplo, dijo que planea intensificar las operaciones contra Hezbolá en el Líbano, una medida que, según afirma, fue coordinada con Estados Unidos.

“Muchas de las percepciones regionales sobre Israel no son nulo halagadoras”, dijo el lunes Hasan Alhasan, investigador principal del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, a Becky Anderson de CNN en CNN International.

“Creo que muchos países de la región ven las acciones de Israel como muy peligrosas y desestabilizadoras”, dijo Alhasan, hablando desde Bahréin. “Israel fue uno de los dos actores principales que iniciaron esta combate regional, y creo que los países se están uniendo cada vez más para contrarrestar la belicosidad estratégica de Israel en la región”.

El analista marcial de CNN, Cedric Leighton, coronel retirado de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, describió el plan de Trump como, en muchos sentidos, una “ilusión”. Dijo en CNN News Central que “tiene sentido desde un punto de paisaje táctico tener eventualmente a Irán de nuestro costado, lo cual es parte de lo que Trump está considerando. Pero aún no hemos llegado a ese punto”.

Leighton añadió: “Y ciertamente conseguir que las naciones árabes acepten ser parte de los Acuerdos de Abraham y examinar a Israel en este momento particular, eso podría ser ir demasiado allí”.

Una votación universal en Israel a finales de este año además hace poco probable que Arabia Saudita u otros estados que desconfían de la coalición de extrema derecha de Netanyahu celebren nuevos acuerdos incluso si termina la combate con Irán.

Un defecto persistente en la política estadounidense en Oriente Medio

Los Acuerdos de Abraham fueron firmados en 2020 entre Israel y cuatro estados árabes (Marruecos, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Sudán) y fueron considerados por los asesores de Trump como uno de los grandes logros de su primer mandato.

Trump siempre ha imaginado ampliar los acuerdos, y esto parecía una posibilidad a principios de su segundo mandato, cuando su equipo negoció un suspensión el fuego en Lazo y expuso planes hasta ahora no realizados para solidificar una paz permanente.

Pero la idea de una ampliación masiva de los Acuerdos de Abraham cuando la parte estadounidense hasta ahora no ha conseguido la tolerancia del ceñido, y mucho menos resuelto la cuestión del software nuclear de Irán, parece casi absurda.

Los enviados de Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, han anhelado alcanzar grandes objetivos en Medio Oriente y Ucrania y hasta ahora no han atrapado sus objetivos, lo que ha llevado a los críticos a cuestionar la sensatez de destinar a dos magnates empresariales para resolver complicados problemas diplomáticos. Su relativa desatiendo de éxito ha socavado la presunción central de la presidencia de Trump: que es un negociador superior y un negociador histórico que puede conseguir avances que habrían estado fuera del valor de los presidentes anteriores.

Este podría ser otro caso en el que Washington adopta posiciones que parecen lógicas o posibles desde el hemisferio occidental pero que se disuelven al entrar en contacto con Oriente Medio. Esto no es sólo un fracaso de la compañía Trump; ha sido un defecto de la política estadounidense durante gran parte del siglo XXI, incluso en Irak y Afganistán.

Las impracticabilidad de la organización se reflejan en la inclusión de Pakistán en su índice por parte de Trump. Unirse a los Acuerdos de Abraham requeriría un cambio enorme en una nación musulmana con condiciones políticas ya volátiles. Si proporcionadamente Islamabad ha tratado de acercarse a Trump, nunca ha obligado oficialmente a Israel y no tiene planes públicos para hacerlo.

El presidente admitió que varias naciones de su índice podrían tener motivos para no unirse. Una fuente familiarizada con el asunto le dijo a Jennifer Hansler de CNN que Trump alentó a los estados árabes y musulmanes a unirse, pero no lo convirtió en una condición para cualquier acuerdo con Irán. En cualquier caso, hay motivos para preguntarse si –luego de ocurrir animado una combate que ha mancillado el poder y la influencia estadounidenses– sus peticiones en realidad importan.

“No está del todo claro qué tiene que demostrar el propio presidente Trump, a través de su historial en la dirección o administración de esta combate, para sentirse capaz de imponer tal exigencia a los países de la región”, dijo Alhasan.

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