Los evangélicos que ayudaron a nominar presidente a Donald Trump ya están evaluando a su sucesor.
Hasta ahora, muchos de ellos creen que Ámbito Rubio tiene la delantera.
Prominentes evangélicos ven al secretario de Estado como una figura que puede ganarse tanto al coetáneo partido MAGA de Trump como a los conservadores de la era Reagan que alguna vez gobernaron Washington. Pero señalan que sus votantes de pulvínulo siguen genuinamente abiertos al vicepresidente JD Vance, particularmente los estadounidenses más jóvenes que sienten curiosidad por conocer cómo podría ser un conservadurismo social más populista bajo la dirección de Vance.
“[Rubio] “Tiene una gran confianza y culto por parte de los evangélicos conservadores y una historia asombrosa que atrae a los evangélicos que buscan candidatos a quienes apoyar”, dijo Al Mohler, presidente del Seminario Teológico Bautista del Sur, una voz líder en la política evangélica conservadora. “Ámbito Rubio es mucho más conocido por los evangélicos estadounidenses que JD Vance”.
“Entreambos están en una excelente posición para musitar con la pulvínulo cristiana conservadora”, añadió Mohler, pero “Rubio tiene más experiencia en eso”.
Para muchos en estos círculos, todo se reduce a un simple cálculo: Rubio ha pasado décadas ganándose su confianza a través de la fe y la política, mientras que Vance, a pesar de su plataforma y pulvínulo, ha dejado esencia antiaborto y distritos electorales pro-israelíes nervioso.
Las primarias republicanas de 2028, que ya se perfilan entre bastidores, serán la primera prueba vivo del papel que desempeñarán los votantes evangélicos que hicieron posible a Trump, pero que no siempre han estado contentos con la forma en que ejecutó sus principales prioridades – tendrá en la configuración del Partido Republicano post-Trump. El resultado tendrá implicaciones de desprendido radio para la dietario del partido, incluso en temas como el fracaso, la política estadounidense-israelí y el papel del gobierno en la vida pública.
Los conservadores sociales –y específicamente los protestantes evangélicos– son matemáticamente indispensables para obtener la nominación presidencial republicana. Los protestantes evangélicos blancos respaldaron a Trump en una tasa del 82 por ciento en 2024 – una número que se ha mantenido estable durante tres ciclos electorales consecutivos. Sólo en Iowa y Carolina del Sur, dos estados que normalmente votan temprano en el proceso primario del Partido Republicano, constituyen una mayoría dominante del electorado primario.
“No hay camino cerca de la nominación que no pase por la cabina de peaje del voto evangélico”, dijo Ralph Reed, el fogueado evangélico hacedor de reyes y fundador y presidente de la Coalición Fe y Espontaneidad.
Los portavoces de Vance y Rubio no respondieron a las solicitudes de comentarios sobre su relación con los evangélicos.
Ningún candidato ha anunciado oficialmente, aunque algunos evangélicos esperan que haya un candidato oculto. como el senador Ted Cruz de Texas. Si el propio Trump designa un sucesor, eso dificultaría la preparación de un desafío para las primarias. Pero cada vez que la carrera toma forma, se retraso que los evangélicos sean un electorado que cualquier republicano que desee durar a la Casa Blanca en 2028 debe obtener.
Y la clasificación temprana detrás de los dos candidatos revela fallas internamente de la propia coalición: entre aquellos que ven a Rubio como una restauración de poco general y aquellos que se preguntan si esa es exactamente la aviso equivocada que se puede extraer de la era Trump.
Rubio tiene una relación de larga data con los evangélicos, incluso desde su campaña presidencial de 2016, y aunque es católico, igualmente ha asistido regularmente a una megaiglesia bautista del sur en Miami. Los evangélicos ven en Rubio una fluidez general: un político que palabra su idioma con naturaleza y que ha pasado décadas construyendo relaciones con las instituciones que más les importan, mientras que su mandato como secretario de Estado de Trump ha consolidado su división en el redil MAGA.
Rubio se ganó el aplauso de toda la comunidad evangélica por sus comentarios en el servicio conmemorativo de Charlie Kirk el otoño pasado. Hablando menos como un político que como un predicador, entregó un relato completo del evangelio (la creación, la caída, la carnación, la resurrección) en un jerga sencillo y declarativo que dejó poca imprecisión sobre su postura. Líderes evangélicos lo describió como una poderosa articulación de fe de un funcionario electo.
Es una reputación que Rubio ha estado construyendo durante abriles. En un foro presidencial de 2016 en Iowa, el moderador Frank Luntz le hizo una pregunta al entonces candidato, y Rubio tomó la Nuevo Testamento que estaba sobre la mesa frente a él, sin que se lo pidieran, y respondió directamente desde las Escrituras.
“Rubio fue directo a la Escritura, y olvidé cuál era la Escritura, pero luego la expuso y positivamente hizo un trabajo ejemplar”, recordó en una entrevista nuevo Bob Vander Plaats, presidente de The Family Leader, que organizó el evento. “Rubio no tiene reparos en compartir su fe”.
Vance, con quien Vander Plaats se reunió durante el nuevo delirio del vicepresidente a Iowa, es menos conocido por los evangélicos. Es un nativo de Ohio cuyo primer contacto vivo con la iglesia institucional fue la gran congregación pentecostal de su padre, y que durante un tiempo se identificó como irreligioso antaño de convertirse al catolicismo, una corriente particularmente tradicionalista del catolicismo que se ha vuelto cada vez más influyente en los círculos conservadores. En Vance, los evangélicos ven una figura más complicada: intelectualmente seria, culturalmente fluida, pero aún así se define a sí mismo de maneras que dejan algunas preguntas esencia sin respuesta.
“JD, diría, es más impasible, pero creo que igualmente los evangélicos confían en que tiene una pulvínulo muy sólida. Que su fe lo impulsa. No es poco que use para obtener un voto”, dijo Vander Plaats.
En un evento de la Coalición Fe y Espontaneidad en Wisconsin la mañana posteriormente de inclinarse oficialmente la nominación para ser el compañero de fórmula de Trump en 2024, Vance ofreció una ventana a su fe que era a la vez personal y poco convencional. Comenzó invocando a Jules, el nocivo a sueldo filosófico de la película Pulp Fiction, para resaltar los milagros, y luego pasó a poco más tranquilo y personal. La sombra antaño del discurso más importante de su vida, le dijo a la multitud, se había quedado despierto a las 3 de la amanecer, ansioso e incapaz de tumbarse.
A posteriori de 30 minutos de contar ovejas, dijo simplemente: “Jesús, por gracia ayúdame”. Tres horas más tarde se despertó, descansó y le dijo a la multitud: “Sentí el toque de Todopoderoso”. Fue un momento que los evangélicos describieron más tarde como auténtico y identificable.
“Vance, en mi opinión, es el candidato más cercano que tenemos a cualquiera como Charlie Kirk”, dijo Frank Turek, un apologista cristiano que fue mentor de Kirk y habló en su funeral. “Rubio quizá atraiga a los más tradicionalistas”.
Vance está astuto para difundir un ejemplar sobre su fe el próximo mes titulado “Comunión”, su intento más sostenido hasta el momento de reponer las preguntas que los evangélicos dicen que todavía están esperando escucharlo enfrentarse. Eso incluye su posición respecto de Israel, un tema sobre el que sus aliados han sido vagos; con qué seriedad se toma las prioridades del movimiento antiaborto; y si la coalición que imagina tiene espacio para los conservadores tradicionales que siguen desconfiando de él.
“Ámbito no se despierta por la mañana con un deseo alterado de expulsar del partido al ala conservadora tradicional”, dijo un líder conservador, que pidió el anonimato para musitar con franqueza sobre la dinámica de las primarias. “JD lo considera la comisión de su vida”.
Las tensiones quizás sean más agudas en torno al fracaso, el tema que, más que cualquier otro, consolidó la relación entre los votantes evangélicos y el Partido Republicano hace décadas.
Desde que la Corte Suprema anuló Roe contra Wade en 2022, una osadía que fue posible gracias a los tres jueces nombrados por Trump, el movimiento antiaborto ha estado presionando a la sucursal para que vaya más allá. Los abortos han aumentado desde Hueva fue revocada, la píldora abortiva mifepristona sigue estando ampliamente adecuado y los líderes institucionales del movimiento se han sentido cada vez más frustrados con la desatiendo de argumento de la sucursal.
Parte de esa frustración ha recaído en Vance, quien como vicepresidente no ha podido distanciarse del historial de la sucursal en materia de fracaso como lo hace un secretario de Estado, tanto para proporcionadamente como para mal a los luceros de los líderes del movimiento. Vance encabezó la Marcha por la Vida en enero, donde anunció una ampliación de la indicación Política de la Ciudad de Méxicoque prohíbe a las organizaciones no gubernamentales que reciben financiación federal siquiera musitar sobre el fracaso, pero para los líderes antiaborto que presionan para que se tomen medidas sobre la mifepristona y la constitución federal, eso no ha sido suficiente.
SBA Pro-Life America, una de las fuerzas institucionales más poderosas del movimiento antiaborto, ha empezado a referirse a la sucursal como dice la “sucursal Trump-Vance” en sus comunicados de prensa, una señal deliberada al vicepresidente de que el movimiento retraso que gaste caudal político en sus prioridades.
“Esto no parece ser una táctica accidental, tratar de aseverar: ‘Vamos, Vance, usa tu influencia con tu director’”, dijo un defensor antiaborto que ha estado involucrado en llamados a la coalición, al que se le concedió el anonimato para musitar con franqueza sobre la medida.
Cuando se le pidió un comentario, un portavoz de la ordenamiento señaló un discurso nuevo de su presidenta, Marjorie Dannenfelser, en la que habló de sus expectativas sobre 2028 pero no se dirigió ni a Vance ni a Rubio por su nombre.
El malestar se extiende más allá del fracaso. Para una porción significativa de votantes evangélicos, el apoyo inquebrantable a Israel es poco no negociable, arraigado no sólo en la geopolítica sino igualmente en la teología, en una tradición que ve al Estado sefardita como central para la profecía bíblica.
Sobre esa cuestión, Vance deja inseguros a algunos evangélicos. Sus instintos en política foráneo apuntan cerca de el no intervencionismo, una postura que lo ha puesto en desacuerdo, en ocasiones, con el apoyo incondicional de la sucursal a Israel. Rubio, por el contrario, deja poco división a la imprecisión.
Aún así, los evangélicos ven en Vance poco que positivamente los entusiasma: una visión de gobierno que no sólo protege a los conservadores religiosos de una civilización secular invasora, sino que trabaja activamente para restaurar las condiciones para que florezca la vida general y comunitaria. Es un alejamiento de la posición defensiva de la era Obama, cuando el ámbito dominante era la liberación religiosa: la idea de que el trabajo del gobierno era mantenerse fuera del camino de las personas de fe. Para una engendramiento más mancebo de conservadores sociales, ese ámbito parece una táctica perdedora.
Su formación intelectual, impregnada del pensamiento social católico y de una crítica populista del tolerancia de mercado, se corresponde con esa anhelo. Cuando Vance viajó a Europa poco posteriormente de responsabilizarse el cargo e invocó el “orden de los amores” de Agustín para defender un nacionalismo arraigado en obligaciones concéntricas (clan, comunidad, nación), muchos en estos círculos se dieron cuenta.
A pesar de todo el entusiasmo que Vance genera entre una porción más mancebo y populista de la coalición, la pregunta de si eso es suficiente para obtener sigue sin respuesta, y no lo será hasta 2026. Y a pesar de todo el entusiasmo de Rubio, Mohler, por su parte, no está astuto para cerrar el ejemplar sobre Vance.
“Tendrá que completar eso una buena parte para que los votantes evangélicos lo entiendan”, dijo Mohler. “Creo que tiene muchas oportunidades para hacer eso”.
