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Estados Unidos se separó de la monarquía hace 250 abriles. La presidencia de Trump está poniendo a prueba hasta dónde ha llegado

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El 250 aniversario de la permiso de Estados Unidos de un rey comenzó con un mitin estilo campaña en el National Mall del presidente Donald Trump, cuyo rostro ya mira con destino a debajo desde pancartas que ondean desde edificios federales en toda la renta del país.

Las imágenes ilustran cómo el presidente republicano ha dominado la vida cotidiana desde que regresó al poder y, para algunos, evocan más el estilo de un monarca que el del líder de la democracia más antigua del mundo. Pero todavía es la forma en que ha ejercido ese poder lo que ha llevado a comparaciones con un reinado imperial.

Desde que regresó al cargo en enero de 2025, Trump nominó a uno de sus abogados personales para que se desempeñara como fiscal normal, ordenó al Unidad de Conciencia que persiguiera a sus enemigos políticos, desplegó a los marines estadounidenses en la segunda ciudad más vasto del país y aprovechó la presidencia para enriquecerse a sí mismo y a su grupo.

Ha preciso que se despida a los comediantes que se burlan de él, ha puesto su nombre en el Kennedy Center, ha presionado para tomar el control de las elecciones, ha presentado demandas contra organizaciones de noticiero cuya cobertura no le gustaba y ha demandado a su propio gobierno pidiendo 10.000 millones de dólares de parné de los contribuyentes.

Con el 250 aniversario de la fundación de la nación acercándose rápidamente, las propias celebraciones de Trump han eclipsado a la comisión bipartidista autorizada por el Congreso que se suponía coordinaría los eventos para conmemorar el momento. Planea regresar al National Mall el 4 de julio para lo que lumbre una “manifestación de Trump”.

Las acciones del presidente han llevado a comparaciones con el rey Jorge III, el monarca britano cuyo gobierno inspiró la Revolución Saco. Es un paralelo que el propio Trump rechaza.

“No soy un rey”, dijo a “60 Minutes” de CBS a principios de este año. “Si yo fuera rey, no estaría tratando contigo”.

Los presidentes anteriores han sido tildados de imperiales, pero Trump destaca

Existe una larga tradición política estadounidense de opositores que denigran a los presidentes como reyes. Pero Julian Zelizer, historiador de la Universidad de Princeton, dijo que la marbete se ajusta de modo diferente a Trump.

“Se alcahuetería más de cómo imagina quién es él y qué es la presidencia”, dijo Zelizer. “Estamos celebrando los principios fundacionales, y ese fue un tema determinante: los temores de cómo un poder centralizado puede corromperse. Y aquí estamos de nuevo”.

Cuando el rey Carlos III visitó a Trump este año, la cuenta oficial de la Casa Blanca X publicó una imagen de los dos hombres con la lema “DOS REYES”. Al manifestación de su segundo mandato, Trump declaró que había puesto fin a un software de transporte en la ciudad de Nueva York y publicó: “VIVA EL REY”. Las publicaciones todavía parecían indicar una voluntad de usar la marbete y la reacción que provoca en sus críticos.

No es coincidencia que el principal movimiento de resistor durante el segundo mandato de Trump adoptara el inscripción “No reyes”. Ezra Levin de Indivisible dijo que los activistas estaban pensando en 2026 y en la celebración de America 250 cuando eligieron la marbete.

“Parece el mismo tipo de tiranía contra la que nos rebelábamos hace 250 abriles, el tipo de dominación de los estadounidenses por una fuerza policial secreta que está asesinando clan en las calles como en Minneapolis este año y en Boston en 1770”, dijo Levin, refiriéndose a las manifestaciones contra la represión migratoria del gobierno que llevaron a la crimen a tiros de dos manifestantes este año por parte de agentes federales.

Cuando se le pidió un comentario, la Casa Blanca se refirió a las propias declaraciones de Trump sobre su uso del poder ejecutor. El presidente ha intervenido varias veces sobre su enfoque maximalista.

Durante su primer mandato, se refirió al Artículo II de la Constitución cuando dijo a los participantes en una cumbre de jóvenes: “Tengo derecho a hacer lo que quiera como presidente”, al tiempo que declaró que “me da todos estos derechos a un nivel que nunca antaño había manido”. Le dijo a The New York Times en una entrevista este año que el único freno a su poder general era “mi propia moralidad. Mi propia mente. Es lo único que puede detenerme”.

Sin requisa, todavía ha dicho que las descripciones de su enfoque como totalitario eran erróneas: “No soy un dictador”, dijo a los periodistas el año pasado. En respuesta a una pregunta sobre si estaba concentrando poder en la presidencia, Trump dijo a Time en una entrevista el año pasado: “No lo creo. Creo que lo estoy usando apropiadamente, y todavía lo estoy usando según mi disyuntiva”.

La mayoría conservadora de la Corte Suprema ha permitido el enfoque de Trump

Con un Congreso deferente controlado por los republicanos, los tribunales se han convertido en el extremo control sobre Trump. El presidente ha criticado duramente a los jueces que han fallado en su contra y su distribución en ocasiones ha desafiado sus órdenes.

Sin requisa, su intento de ampliar el poder presidencial ha sido ayudado por la mayoría conservadora de la Corte Suprema de Estados Unidos, que se ha puesto del costado de Trump en numerosas ocasiones a posteriori de que fallos de tribunales inferiores lo obstaculizaran.

En plena campaña de 2024, el tribunal superior dictaminó que los presidentes tienen amplia inmunidad procesal. La audacia descarriló múltiples investigaciones derivadas del primer mandato de Trump, incluida una centrada en sus intentos de anular los resultados de las elecciones de 2020.

Trump ha argumentado que los tribunales no pueden demarcar al presidente en cuestiones esencia, incluidas sus afirmaciones de que tiene la capacidad de despedir a miembros de agencias independientes. El ejemplo más palpable ocurrió en 2024, cuando un enjuiciador preguntó durante el caso de inmunidad si un presidente podía ser procesado por ordenar el crimen de un rival político. El abogado de Trump, D. John Sauer, respondió con un “sí matizado”.

Sauer es ahora procurador normal, el funcionario de la distribución que supervisa los argumentos en presencia de el tribunal superior. Ha seguido insistiendo en que los tribunales no pueden revisar los actos presidenciales.

“Una vez que el presidente ha tomado una determinación… en ese momento, el tribunal de revisión no tiene trabajo que hacer”, dijo Sauer durante los argumentos de la Corte Suprema en un caso sobre si Trump podría despedir a Mújol Cook, gobernadora de la Reserva Federal.

Pero la Corte Suprema permitió que Cook permaneciera en la juntura mientras considera el caso. La mayoría todavía redujo sus aranceles globales, al considerar que sólo el Congreso tenía esa autoridad.

Tales fallos demuestran que el poder presidencial tiene sus límites, dijo John Yoo, profesor de derecho en la Universidad de California, Berkeley.

“La presidencia presente, incluso cuando está marcada por los peores excesos del presidente Trump, no es una monarquía”, dijo.

Trump usa la presidencia para enriquecerse a sí mismo y a su grupo

Trump fue el hombre más rico que quia haya llegado a ser presidente. Durante su primer mandato, fue criticado por poseer propiedades donde los dignatarios extranjeros y otras personas que esperaban ganarse su merced gastaban ampliamente. Los conflictos de intereses se han intensificado en su segundo mandato.

Trump lanzó las criptomonedas antaño y a posteriori de regresar al cargo. Según estimaciones conservadoras, uno ha recaudado 320 millones de dólares sólo este año, mientras que otro vendió tokens por valía de 550 millones de dólares. Un tercio recibió una inversión de 2.000 millones de dólares de un fondo de riqueza extranjero.

Trump dio un nuevo paso a principios de este año al presentar una demanda privada de 10 mil millones de dólares contra el IRS por la filtración de sus declaraciones de impuestos durante su primer mandato. Su Unidad de Conciencia ordenó al IRS que resolviera el pelea para crear un fondo de 1.776 millones de dólares para avalar daños y perjuicios a las personas que afirmaban que el gobierno federal los había procesado injustamente.

La distribución retiró el acuerdo en medio de protestas de los demócratas y republicanos del Congreso. Pero Todd Blanche, ex abogado personal de Trump y ahora fiscal normal provisional, dijo que al menos queda una disposición: la prohibición de que el IRS audite a Trump.

Zelizer dijo que los enredos financieros de Trump podrían ser la parte más monárquica de su distribución.

“No hemos manido a una persona que tenga una operación comercial de esta escalera y radio beneficiándose directamente de las decisiones que toma”, dijo Zelizer.

Trump ha utilizado al gobierno para perseguir a sus enemigos

El papel del Unidad de Conciencia en la demanda del IRS es un ejemplo de cómo Trump ha decretado que los empleados del poder ejecutor deben ejecutar como agentes de su voluntad.

Al romper lo que se supone que es un cortafuegos entre la Casa Blanca y el Unidad de Conciencia, Trump ha preciso que los fiscales federales apunten a sus enemigos. En una publicación en las redes sociales el año pasado, llamó por su nombre a Pam Bondi, quien era fiscal normal en ese momento, para presionarla a procesar a varios de sus oponentes políticos: “¡¡¡DEBE HACERSE JUSTICIA, AHORA!!!” Trump escribió.

Poco a posteriori se presentaron acusaciones, incluso contra el ex director del FBI James Comey y la fiscal normal de Nueva York, Letitia James, una demócrata. Los cargos contra uno y otro finalmente fueron desestimados, pero el área bajo Blanche presentó nuevos cargos contra Comey.

La persecución no se limita a los enemigos de Trump en el pasado.

Para su 80 cumpleaños este mes, el presidente organizó una pelea organizada por UFC -una compañía en la que invirtió- en el césped de la Casa Blanca. El evento fue transmitido por una sujeción propiedad del hijo de uno de los principales donantes del presidente. El espectáculo provocó una reprimenda del jefe de California, Gavin Newsom, un crítico persistente y potencial contendiente presidencial demócrata en 2028.

“La Casa Blanca fue construida para servir al pueblo estadounidense. Esta oscuridad se utilizó para promover una empresa en la que el presidente posee acciones, traicionar suscripciones, promover patrocinadores corporativos, impulsar las criptomonedas de Trump y enriquecer al presidente y su grupo”, escribió Newsom en X. “Los fundadores nos advirtieron sobre los reyes que se enriquecen desde cargos públicos”.

Días a posteriori, Newsom reveló que el Unidad de Conciencia de Trump los estaba investigando a él y a su esposa.

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Los periodistas de Associated Press Lindsay Whitehurst y Fatima Hussein en Washington contribuyeron a este crónica.